Un nuevo fenómeno se presenta en la política contemporánea, donde la categorización tradicional de izquierda y derecha pierde relevancia. Hasta 1990, estos términos permitían clasificar claramente a los partidos y movimientos políticos, pero el avance de la tecnología y las redes sociales ha transformado este panorama.
La cuarta revolución industrial ha modificado la forma en que los ciudadanos consumen información y se involucran en la política. Hoy, el scroll infinito de las redes sociales ha sustituido el libro como principal medio de comunicación, lo que lleva a que la mayoría de los votantes ya no se identifiquen con las antiguas divisiones políticas.
Un estudio reciente realizado en varios países de América Latina, incluidos Brasil, México y Argentina, indica que el 80% de los electores no se preocupa por si su presidente debe ser de izquierda o de derecha. En cambio, lo que realmente preocupa a los ciudadanos es el rechazo a la clase política tradicional y a las instituciones.
Los nuevos líderes políticos, como el colombiano Abelardo de la Espriella, han emergido en este contexto, presentándose como alternativas a los políticos convencionales. De la Espriella, quien se ha distanciado de la política tradicional, ha ganado popularidad gracias a una comunicación que rechaza el orden establecido y atrae a un electorado cansado de la política correcta.
En las últimas elecciones colombianas, su victoria no se debió a un programa sólido, sino a su habilidad para conectar con un público que busca sorpresas y espectáculo. A pesar de no tener una carrera política convencional, su estilo de vida ostentoso y su imagen pública lo han posicionado como un candidato atractivo para muchos.
Asimismo, el fenómeno no se limita a Colombia. En Perú, las elecciones recientes mostraron que no hubo un crecimiento significativo de la derecha, y que los resultados fueron prácticamente los mismos que en elecciones anteriores. La batalla electoral hoy en día se libra en un entorno donde la atención del votante es el recurso más valioso, y los mensajes que no logran captar su interés en los primeros segundos son rápidamente descartados.
Este nuevo paradigma requiere que los candidatos adapten sus estrategias de comunicación para atraer a un electorado que prioriza el entretenimiento y la cercanía, por encima de las ideologías tradicionales. La política, en esta era digital, se ha convertido en un espectáculo donde los contenidos deben ser atractivos para sobrevivir en el mar de información que ofrece Internet.
Fuente: NA




