La democracia contemporánea, aunque ampliamente aceptada como el sistema que mejor resguarda los derechos humanos y potencia el desarrollo personal, se enfrenta hoy a una crisis significativa. Este fenómeno ha sido objeto de estudio por académicos como Levitsky y Ziblatt, quienes titulan su obra más reconocida «Cómo mueren las democracias». Junto a la democracia, otros dos pilares fundamentales, el constitucionalismo y el humanismo, se encuentran en peligro.
La democracia se define como el proceso mediante el cual las autoridades son elegidas por mayorías a través de elecciones libres y transparentes. Sin embargo, para que esta no se convierta en una «tiranía de la mayoría», es crucial el respaldo del constitucionalismo, que garantiza la división de poderes y la independencia judicial. Sin estas estructuras, el sistema democrático corre el riesgo de debilitarse y vaciarse de contenido.
En la base de este sistema se halla el humanismo, que defiende la dignidad igual e inviolable de cada individuo, independientemente de sus capacidades o posición social. El Papa León XIII, en su encíclica «Magnifica humanitas», resalta que esta dignidad es un don que trasciende al Estado y sus leyes.
Las Cuatro P que Amenazan la Democracia
En la presentación de su libro «Luces y sombras del sistema político argentino», el Dr. Alfonso Santiago identificó cuatro amenazas críticas, a las que se refiere como las «cuatro P».
La primera amenaza es el populismo, que establece una legitimidad carismática por encima de las instituciones, excluyendo a sectores de la población. Este fenómeno erosiona los controles institucionales y busca la concentración del poder, lo que puede llevar a abusos, como advirtió Montesquieu sobre la necesidad de que el poder se frene a sí mismo.
La segunda amenaza es la polarización, que transforma el desacuerdo saludable en hostilidad abierta. En este contexto, el adversario se convierte en un enemigo a eliminar, lo que descompone la convivencia y convierte a las elecciones en conflictos existenciales.
La tercera es la posverdad, donde la verdad se somete a emociones y conveniencias, amplificadas por redes sociales que priorizan la indignación sobre la exactitud. Esta distorsión en la percepción de la realidad puede llevar a decisiones electorales manipuladas.
Finalmente, la cuarta amenaza es la pobreza persistente, que actúa como un corrosivo para la democracia. Este fenómeno no solo refleja el fracaso de las políticas públicas, sino que además perpetúa ciclos de violencia y falta de educación, obstaculizando el desarrollo del sistema democrático.
Defendiendo la Democracia
Para salvaguardar la democracia, es esencial implementar cuatro medidas clave: fortalecer las instituciones frente al populismo; promover un centrismo que busque consensos en lugar de divisiones; ejercer una libertad de expresión responsable y un periodismo riguroso para combatir la posverdad; y diseñar políticas públicas efectivas que generen condiciones para un desarrollo humano integral, combatiendo así la pobreza.
Como afirmaba Juan Bautista Alberdi en sus Bases, la política debe alinearse con los principios de la Constitución. La democracia constitucional es una conquista delicada que cada generación debe proteger con lucidez, responsabilidad y esperanza.
Fuente: La Nación




