En una reciente entrevista, el psicólogo Gabriel Rolón exploró la compleja relación entre el pasado, la identidad y la capacidad de transformación personal, citando al filósofo francés Jean-Paul Sartre: “Somos lo que hacemos con lo que hicieron de nosotros”.
Rolón destacó que, aunque las experiencias y recuerdos de cada individuo juegan un papel fundamental en la construcción de la personalidad, no determinan de manera absoluta el futuro de una persona. Según su análisis, muchos se ven atrapados en la nostalgia de un pasado idealizado o en la expectativa de una felicidad futura, descuidando la importancia de vivir en el presente.
La libertad en la construcción de la identidad
La frase de Sartre, retomada por Rolón, refleja una de las tensiones centrales del existencialismo: la idea de que las personas poseen un margen de libertad para decidir cómo enfrentar las circunstancias que les han tocado vivir. Aunque nadie elige su entorno familiar o social, sí se puede elegir la respuesta ante esas experiencias. Para Rolón, aunque los recuerdos y experiencias nos moldean, esto no implica que estemos condenados a repetir el pasado.
El papel de los recuerdos en nuestra vida
Durante la charla, Rolón también habló sobre cómo las personas reconstruyen emocionalmente su pasado. “El recuerdo es un lugar muy particular y enigmático”, afirmó, subrayando que es donde se guardan aquellos momentos que no queremos perder para siempre. Sin embargo, a lo largo del tiempo, estos recuerdos suelen sufrir un proceso de “edición”, donde se idealizan figuras del pasado, como los padres o momentos de la infancia.
Construyendo nuestra identidad a través de las experiencias
Al concluir su reflexión, Rolón enumeró diferentes etapas que contribuyen a formar nuestra identidad: la emoción de la infancia, los primeros descubrimientos, los vínculos afectivos y decisiones importantes en la juventud. Ejemplificó que quien hoy puede experimentar la felicidad es aquel que disfrutó de su primera guitarra a los cinco años, o que vivió momentos significativos en su adolescencia.
Fuente: La Nación




