La 35° Fiesta Nacional del Chamamé vivió una de sus noches más electrizantes. El Anfiteatro Mario del Tránsito Cocomarola se vistió de gala para recibir a Soledad Pastorutti, quien no solo llenó cada rincón del predio, sino que reafirmó su vínculo inquebrantable con el litoral argentino.

Con una asistencia que superó las 12,000 personas, agotando las localidades, la Sole subió al escenario Osvaldo Sosa Cordero envuelta en un vestuario íntegramente blanco, un lienzo puro que contrastó con la calidez de las luces del atardecer correntino.
Lejos de ser un simple concierto, el show fue un recorrido íntimo por el cancionero litoraleño. Abrió con la fuerza de «Bañado Norte» y continuó desgranando clásicos que el público coreó con fervor. El clímax emocional llegó con «Apurate José», momento en que la ovación resonó con más fuerza que nunca.
Pero el color de la noche no fue solo musical. En un gesto de profunda conexión, Soledad compartió una anécdota personal: recordó sus inicios imitando a Teresa Parodi, revelando el consejo que la impulsó a forjar su propia identidad vocal, un camino que hoy la consagra como una figura central del festival.
Acompañada en la grilla por grandes como Yamandú Costa, la artista demostró que, aunque su camino la haya llevado por diversos géneros, el corazón del chamamé late fuerte en su repertorio. La noche concluyó dejando en el aire la sensación de que, bajo el lema «Chamamé, refugio de nuestra identidad», Soledad es, sin duda, una de sus más fieles guardianas.






