*Por TODO CHACO Info
La historia de Luis Raúl Menocchio parece extraída de un guion de suspenso de Hollywood, pero los cadáveres que dejó a su paso en Paraguay, Corrientes y el Chaco son una realidad que aún estremece a la región.

Conocido como «El Gusano» por su asombrosa capacidad para escabullirse de la ley, Menocchio representa la mezcla perfecta entre narcisismo, ambición desmedida y una frialdad criminal que lo llevó a cambiarse el rostro para intentar ser invisible.
Del lujo misionero a los tambores de cemento
Nacido en una familia de buen pasar en Misiones, Menocchio cultivó durante años una imagen de playboy adinerado. En las noches de Posadas, se movía como pez en el agua: autos de alta gama, ropa de diseñador y un carisma que le abría las puertas de la alta sociedad. Sin embargo, esa fachada ocultaba a un estafador serial que pronto escalaría hacia la violencia extrema.
Su nombre saltó a la luz tras radicarse en Paraguay, donde quedó vinculado a un crimen con sello mafioso: el asesinato del empresario Eduardo Fidel Maciel y su pareja, cuyos cuerpos fueron hallados dentro de tambores rellenos con cemento. Fue el inicio de una leyenda negra que cruzaría fronteras.
El hombre que se borró el rostro
Acorralado por la justicia paraguaya, Menocchio comprendió que su cara era su mayor debilidad. En una maniobra digna de un espía, se sometió a complejas cirugías plásticas que alteraron sus párpados, su nariz y su mentón. Así nació Hugo Jara, su identidad falsa, bajo la cual regresó a la Argentina para seguir operando como un «empresario culto y refinado».
Con su nueva apariencia, se instaló en el ambiente náutico de Corrientes. Allí, su suerte empezó a terminarse tras la desaparición del productor cinematográfico Claudio Nozzi. El cuerpo de Nozzi fue hallado en las aguas del río Paraná, y todas las miradas apuntaron al yate donde Menocchio —bajo el nombre de Jara— fingía ser un simple secretario.
La masacre de Castelli: El fin del camino
Aunque su astucia legal le permitió ganar tiempo en el caso Nozzi, su ambición por la tierra lo trajo al corazón del Chaco. En la localidad de Juan José Castelli, Menocchio pergeñó su crimen más sangriento: el asesinato del terrateniente Manuel Roseo y su cuñada, Nelly Bartolomé.
El móvil fue la codicia: mediante documentos y firmas falsificadas, «El Gusano» pretendía apropiarse de miles de hectáreas de la estancia «La Fidelidad». Pero la brutalidad del doble crimen y una investigación policial implacable en territorio chaqueño terminaron por cercarlo definitivamente.
El ocaso en la Patagonia
En 2012, el peso de la ley cayó sobre él. Condenado a cadena perpetua, Menocchio terminó su raid delictivo tras las rejas, lejos de las luces de la noche posadeña y de los yates de lujo.
Hoy, su caso es estudiado como un ejemplo extremo de psicopatía y narcisismo. Luis Raúl Menocchio, el hombre que creyó que podía burlar al destino cambiando su propia cara, terminó sepultado por sus propios crímenes, demostrando que, tarde o temprano, la verdad siempre sale a flote.
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